English

 

 

 

 

 

Kirguistán es un país faquir: en las entrañas de Asia Central, emparedado entre los muros de la cordillera de Tian Shan y los Pamires, duerme sobre una cama de pinchos, el 80% de su geografía se arruga en montañones que crecen hasta los 7.000 metros.

 

En estos agresivos paisajes, el tufo decadente de la extinta URSS se entremezcla alegremente con el capitalismo chino de productos de imitación, las raíces nómadas del pueblo kirguís, la influencia turca, mongoloide y el Islam más oriental y relajado.


Desde su última revolución en 2010 y a pesar de su enclenque estabilidad política, la pequeña república es la vanguardia de la democracia parlamentaria en una región dominada por tiranos hereditarios y dictadores. Un país ecléctico, contradictorio, y que a pesar de la modernidad, suspiran sus paisanos de vez en cuando en el recuerdo de tiempos pasados con la cantinela “Na sovietdsky bremia…” (“En tiempos soviéticos…”).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

All content copyright © 2012 Daniel Burgui Iguzkiza