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Los nómadas no usan frigo

 

 

 

 

Kirguistán es un país faquir: en las entrañas de Asia Central, emparedado entre los muros de la cordillera de Tian Shan y los Pamires, duerme sobre una cama de pinchos, el 80% de su geografía se arruga en montañones que crecen hasta los 7.000 metros. Kuban Kurmanbekovich es taxista y uno de los últimos pastores nómadas. En su yurta lee biografías de Napoleón y fantasea con París.

 

 

 

Kuban trata de convencerme de que es descendiente directo de Ormon Khan (1790 -1855), un caudillo local que gobernó a las tribus del país durante el imperio ruso. “Yo soy de raza mongoloide, ¿no lo ves?”, me dice. “Mira, mira”, me insiste entre risas mientras achina los ojos. Nos reímos juntos porque yo soy incapaz de distinguir mongoloides, chinoides o dunganos.

 

Kuban Kurmanbekovich es un pastor nómada y taxista en sus ratos libres. Durante el invierno, cuando no es posible pastorear arriba y abajo con la yurta por los prados de altura de la cordillera del Tian Shan, Kuban y su mujer, Elnura Almasbekova, descienden a vivir con sus tres hijos Arsen, Adelina y Esen, en una pequeña y humilde casa en Talastán..

 

 

Talastán en tiempos soviéticos era un café de carretera que caía en mitad de la nada, a medio camino en las carreteras que conducen hacia China o Tayikistán. Elnura se ríe cuando pregunto por el frigo: los nómadas nunca usan nevera. Ya sea en verano a más de 4.000 metros o en invierno, siempre hace frío.

 

 

 

 

* NOTA IMPORTANTE:
Si eres un editor/a interesado/a en publicar este reportaje, una ONG o simplemente deseas conocer más sobre esta historia, por favor, ponte en contacto conmigo en dburgui@gmail.com

 

 

 

 

 

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